Me encantan los regalos.
Los que no espero.
Los que me sorprenden.
Cuando los intuyo me siento halagada de que se estén preocupando en saber si me va a gustar.
Los que adivino, obviamente no me sorprenden, pero desde ya que los agradezco de igual forma (y luego me reprocho ser tan curiosa…).
Las intenciones de darme un regalo me conmueven, aún si finalmente no llegan a dármelo.
Para mi será un regalo tener noticias de alguien o verlo, luego de mucho esperarlo.
También lo será una flor, un caramelo, un papel con una palabra, incluso la palabra sola será un hermoso regalo.
Tan sólo una mirada, una caricia, un suspiro en el momento que más lo necesito, deja de ser “tan sólo…” para ser “justamente…”.
Una canción será un regalo que recordaré cada vez que ésta suene en algún lado, la cante, la silbe o la tararee: es mía, me la regalaron a mí…
Y por supuesto que adoro hacer regalos, esforzarme por encontrar aquello que conmueva el corazón destinatario (me desespero por aquellas personas que parecen tenerlo todo… pero finalmente encuentro “algo” que llegará a buen puerto)…
Por mi cumpleaños he recibido toda clase de regalos: de los que supe desde un principio; de los que fueron una sorpresa (mis sobrinos, empezaron a trabajar y compraron por vez primera –ellos mismos- un regalo para mí…), de los que tuvieron la gran intención; de los que intuí y finalmente me sorprendieron por su magnitud (mis dos Amores obsequiándome un pijama de Caro Cuore… jamás tuve algo tan bonito como esto)… incluso he recibido regalos que primero fueron una promesa (porque venían de lejos) y que cuando hoy finalmente llegaron mi corazón dió un vuelco, porque sentí toda la ternura con que fueron preparados… qué bonitas canciones... cuánto material para escribir... qué bella letra manuscrita por un Angel...

Y como Hada tuve regalos mágicos, de verdad que soy un hada muy afortunada: recibí a través de mensajes y palabras, enormes cantidades de dicha, de alegría; me sentí cobijada; dancé entre estrellas y tonadas italianas, acompañada por un sentimiento que es Más que Amor; me halagaron con ternura; me conmovieron hasta las lágrimas y hasta las sonrisas…
La Mujer y el Hada del Sur… ambas se sienten tan felices que si de “un deseo feliz” realmente dependiera volar… estaría moviendo mis alas y llegando a cada uno de vuestros corazones para brindarles todos los dones que desean.
Besos a todos y a cada uno de ustedes.
Ana, el Hada del Sur del Mundo.