PALABRAS AL SUR DEL MUNDO

Vienen desde el Sur, llegando tímidamente, esperando quedarse en vuestros corazones

Encanto Azul

Encanto Azul
Blog sobre John Barrowman
Mostrando las entradas con la etiqueta Escribiendo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Escribiendo. Mostrar todas las entradas

28 enero, 2009

La tarea

La queria Rosa de Fuego, nos puso una tarea y acá vengo dispuesta a ponerle un rostro clásico a los maravillosos personajes que creó la buena amiga: Veamos... empiezo por Tom... Rock Hudson...























En cuanto a Franz, elijo a... Montgomery Cliff--- ¡esos ojos claros!

¿Me habré ido muy atrás en el tiempo? ja ja ja!!!

Besotes!

21 marzo, 2008

Día Mundial de la Poesía


Hoy comienza a deshojarse el otoño en el sur del mundo
y empieza a florecer la primavera en el hemisferio norte.
La luna llena desmenuza su luz para ambos
y la poesía hoy tiene oficialmente su día...

Mi homenaje a la poesía lo daré a través de los poetas del alma, esos que han volcado sentimientos en palabras y que me han conmovido en plenitud...
He aquí vuestra hermosa poesía:


UN ANGEL: UNO
DALIA: EN LA MONTAÑA
DARK ANGEL: APRENDIZ DE ESCRITOR (II)
ROSA DE FUEGO: HOY QUIERO CONFESAR
COCTEL DE COLOMBIA: SE MUERE EN LA MONTAÑA?
ALEJANDRO: VIERNES
LA TABERNA DEL MAR: ZENDOIA - FRAGILES. SERRANO - PARA CUANDO NO ESTAS
MAXI: AZUL CIELO
PON: MIRADAS ESCRITAS
ALAS: LA SENDA
UN VAQUERO SOÑADOR: QUERIDO HEATH
ANA, LA DEL NORTE: DUDANDO
MAR DEL NORTE: LAGRIMAS
YOU: TUS OJOS AZULES
HERMES: GRANADA
CYLLAN: CIELO BORROSO
ROBERTO O.: SOÑE CON VOS II
TANHÄUSER: ADAGIO SEMPLICE
GEORGE HAZARD: EL CABALLERO SOEZ

...la lista continúa entre aquellos que van y vienen y que ya les perdí el rastro... También están los que hacen poesía con fotos o son admiradores de grandes poetas y nos educan transcribiéndola, como el gran PE-JOTA...
A TODOS mis queridos POETAS DE CORAZON, FELICIDADES!!!

09 septiembre, 2007

Inusual

Todos los días el cabello atado, todos los días el mismo perfume a flores dulces, todos los días la ropa bien planchada y el calzado de turno, inmaculado. Cada vez en silencio, absorta en sus propios pensamientos y preocupaciones, musitando un breve "Buenos Días" cuando no le quedaba más remedio.
Todos los días. Así...
Pero hubo una fiesta familiar en domingo, una fiesta que la retuvo hasta la madrugada y que la obligó a acostarse demasiado tarde. O temprano. Según quien viera la situación, claro.
En definitiva aquel día no fue como otro día, porque fue el día en que ella se quedó dormida. Y la ducha fue veloz, la ropa no fue vuelta a planchar antes de salir y el cabello fue suelto, secándose con la brisa estival. Así esos rizos estirados cada día, hoy lucían salvajes y libres.
Entró al ascensor mordiendo la hebilla con la que intentaría sujetar su pelo, hasta que tuviera tiempo de hacer su acostumbrado rodete. Iba mordiéndola mientras trataba de acomodarse...


Cada mañana salía con los minutos contados. Se levantaba con los minutos contados. Poco atento al reloj, pero conciente de que podría haber salido más temprano para estar más tranquilo. Entendámonos, tampoco era que le importara demasiado... unos minutos antes, unos minutos después, no había diferencia: la oficina iba a estar esperándolo en el mismo lugar que ayer y que el día anterior. Y sería igual mañana como el día que le siguiera después.
Siempre.
Pero este día fue distinto. Una fiesta en el piso de arriba no lo dejó pegar un ojo en toda la noche. En realidad la fiesta terminó en algún momento de la madrugada. Tarde. O temprano, según quien lo viera, claro. Y para ese momento ya no pudo dormir más, inusualmente se puso a ver la televisión mientras devoró una bolsa de cereales de chocolate... sus favoritos.
Así que aquella mañana salió con tiempo: se había dado una buena ducha y no se sentía cansado... cuando pasó por el kiosko de revistas, compró el diario y en una banca de la plaza se sentó, tranquilamente.
Faltando pocos minutos para las 9 de la mañana, entró al edificio distraido, ojeando aún las noticias deportivas, prestando la mínima atención a las puertas abiertas del ascensor, se deslizó dentro...

Luján perdió el equilibrio y la hebilla cayó de su boca. Apenas pudo asirse de las barandillas que rodean la cabina del ascensor, evitando caerse. No así su cartera de papeles, que se desparramaron por el suelo.
Emiliano terminó con el diario aplastado contra su cara y una mancha negra tiñó su nariz y cuando iba a soltar algún insulto, vió lo que su descuido había conseguido: una chica con una melena enmarañada tratando de juntar un montón de papeles desparramados. Y ese aroma. ¿qué es ese aroma? ¿flores? ¿gardenias? ¿podía ser que ella oliese a gardenias, la única flor que él reconocía entre todas las flores?
Dejando a un lado el diario ayudó a la chica a juntar su papelerío:
- Mil disculpas, por favor.
- Mse. Está bien, yo también estaba distraida.
- ¿Trabajás aquí?
- Si. - e involuntariamente continuó - En el quinto piso - enseguida se mordió el labio inferior: se había dejado llevar por una conversación.
- Oh, yo también trabajo aquí, pero en el noveno piso. Nunca te vi antes... ¿hace mucho que...- pero no pudo terminar la pregunta. El ascensor se había detenido en el piso cinco y la chica, los papeles desordenados que se desbordaban de sus brazos, junto a otras personas bajaron sin darle oportunidad de seguir la charla.
Cuando las puertas del ascensor se cerraban, Emiliano juraría que ella lo estaba mirando.


"Gardenia" Andrea Stark

02 julio, 2007

Mis trazos

















Un mundo dibujado en los trazos de mis palabras,
escribiéndolo a través de cómo lo ven mis ojos,
la luz y las sombras que se pierden en mis pensamientos.
Esa estrella no es una más:
es la primera de la tarde
la dueña de mis deseos por cumplir;
la calle mojada de rocío
es una senda húmeda de viajes por hacer;
los árboles en invierno
son brazos desnudos tratando de alcanzar el cielo;
el cartero en su andar diario
es un mensajero de esperas y deseos…
Todo puede transformarse en palabras
todo tiene imágenes más allá de lo evidente,
a veces las encuentro, a veces las siento,
mas en ocasiones
sencillamente pasan desapercibidas:
un silencio de sentidos,
una ceguera involuntaria me domina
es un andar en neblinas invernales
en el que no hay recuerdos, sólo olvido.
Pero tal como viene ese silencio,
también desaparece y de pronto me encuentro
tejiendo palabras, enlazándolas a sentimientos,
bordándolas en mi imaginación
estrechándolas con mi alma a un escrito
y entre los caminos a seguir,
encuentro éste y aquí llego.

15 abril, 2007

Cruzando distancias


Perder la inocencia.
Volar alto.
Nunca olvidar.
Aprender.
Vivir es arriesgarse,
jugarse por los sueños.
Tener miedo
y enfrentarlo.
Dejarte llevar
como una pluma en la brisa,
como una barca sin timón
en la tormenta brava...
Henchir las velas
y llegar tan lejos
para no ser ya el mismo...
Y que el destino final
sea sólo el comienzo...

04 febrero, 2007

La Carta


Querido Andrés:
En mi mente he escrito esta carta infinidad de veces… y cada día se hizo más difícil dibujar las palabras y encontrar la fuerza para enviártelas.
No me despedí de vos. Y vos tampoco me buscaste para que te diera una explicación… pero la verdad es que creo que no te hacía falta. Lo supiste antes que yo me diera cuenta ¿verdad? Yo no iba a poder con todo esto…
El haber dejado a Maldonado fue una excelente decisión. En mi mundo, como vos me decías, me fue mejor aún que con El Viejo. Y me he enterado de que se enorgullece diciendo que empecé con él. Como razón no le falta, ¿qué voy a decir yo?
Puse la casa en venta. ¿Lo que tendría que haber hecho desde el principio? No Andrés, no. De esa forma no te hubiera conocido… y conocerte… ha sido lo mejor que me pasó en la vida.
El 24 me caso. Y esta decisión me ha dado la fuerza para comenzar estas palabras.
Conocí a Sofía en esa fiesta de fin de año. Si, esa maldita fiesta por la que nos peleamos al ir solo y sin siquiera pedirte que me acompañaras... Aunque no fue por la fiesta ¿no? Nos peleamos porque yo no tomaba una posición en nuestra relación… una posición que vos tomaste desde el principio… durante los dos meses que compartimos vos me diste un lugar en tu vida que sé era único, un lugar que nadie ocupó jamás. Y aunque yo no hice lo mismo en mi vida, puedo jurarte Andrés que el lugar que ocupaste en mis sentimientos jamás lo ocupó nadie. Y así se ha quedado. Nadie.
Pero el 24 me caso con Sofía y quería decírtelo. La quiero mucho. Vive en Barcelona y ahora yo también. Si, aunque en el estudio en Buenos Aires me iba bien, decidí seguirla y estoy preparándome para revalidar el título… estoy comenzando otra vez Andrés… lejos. De vos.
Ella es una excelente chica, también es abogada, así que me está guiando en este lado del mundo. Nos entendemos bien… Y no sé qué más decirte Andrés… la quiero. Me quiere. ¿Se necesita algo más para ser feliz?
Nunca te olvidaré Andrés. Ni olvidaré cada momento que compartí con vos. Me hiciste dar cuenta de que podía sentir, que era hermoso reírse, que estaba vivo. No sé si el recuerdo de esos dos meses en los que vivimos un mundo sólo nuestro, me alcanzará para vivir el resto de mi vida, pero quiero que sepas que atesoro cada instante como los más felices.
Ahora daré vuelta la página, pero sin olvidarte. No podría. Jamás.
Siempre te amaré.
Mark.
PD.: Sé feliz. No olvides el mar…



El 24 Andrés tomó la camioneta y dejando una nota sobre la mesa de la cocina, salió mucho antes del amanecer. Para cuando el sol apenas se comenzaba a asomar él ya estaba en Pinamar. Casi como un sonámbulo dejó la camioneta y comenzó a andar por el pueblo silencioso. Faltaban un par de meses para la temporada de vacaciones y el lugar estaba solitario. No hacía un año había estado allí con Marco y se habían besado por primera vez. Marco hablaba de dos meses y tan sólo fue uno. Claro, Marco contaba el tiempo antes del beso. Y tenía razón, ese tiempo contaba también. Porque en ese tiempo él se dió cuenta de que había encontrado por fin a quién amar. Y con el beso supo que ese alguien también sentía lo mismo.
Una vez más se maldijo por haberle exigido a Marco que lo llevara a esa maldita fiesta. Marco no estaba listo aún… y nunca lo iba a estar. Si dejó a Maldonado fue porque no quería dar explicaciones sobre su vida privada. Pero no podía dejar a sus padres para que no se enteraran de su nueva vida… - Y me dejó a mí. – los ojos de Andrés se llenaron de lágrimas. Una vez más. Pero una vez más se contuvo.
Fue hacia la puerta de aquel boliche bailable donde habían visto a la ex – novia de Marco. Y se sentó un buen rato recordando detalles de ese y otros días. Se sonría en todos los recuerdos. Y tragó saliva para deshacer el nudo que se le hizo en la garganta.
Luego caminó y los pasos lo llevaron a la costa. Pero no se atrevió a entrar a la playa. Se quedó allí, nuevamente dibujando con sus pies en la arena que se amontonaba en la vereda. Concentrado en hacer un círculo perfecto, se giró a uno y otro lado. Entonces lo recorrió un escalofrío, como si alguien más estuviera allí. Miró alrededor y nadie más estaba en ese lugar. Pero sí vió que la suave brisa del mar estaba desdibujando unas huellas que no eran las suyas. Pies descalzos habían dejado un rastro hacia la playa.
El pulso de Andrés se aceleró incontenible. No olvides el mar, resonó en su cabeza. Y siguió las huellas hasta aquella farola donde habían quedado sus cuerpos dibujados meses atrás. Pero no había nadie allí. Sólo más huellas que se dirigían al mar y luego se perdían… Andrés se sentó allí mismo y se puso a llorar. Abrazó sus rodillas con fuerza y lloró todo lo que no había llorado antes.

- Salí a buscarte cuando no te encontré acá.
Andrés levantó lentamente la mirada y con los pies descalzos estaba Marco parado frente a él.
- ¿Mark?
- Llegué al amanecer y te vine a buscar.
- …
- No pude Andrés. Apenas envié esa carta supe que no podría. Me resistí día y noche hasta que le conté todo a Sofía y me tomé el primer vuelo a Buenos Aires.
- …
- Si seguía adelante iba a ser infeliz y no solamente yo… - Marco se agachó y secó las lágrimas de Andrés - ¿Podrás perdonarme alguna vez?
- ¿Estás dispuesto a averiguarlo?
- Estoy dispuesto a todo Andy.
- “Andrés” me gusta más de tus labios, “Mark”.


Para Ana del Norte, de Ana del Sur...
Siempre te estaré esperando Amiga...
Te quiero mucho!!!
Un abrazo del Alma...

27 enero, 2007

Mar


Nunca calla, lleno de vida
pleno de adiós
y bienvenida...
Calmo y sombrío,
bravío, voraz,
atronador...
El Mar incansable,
regente de musas, tutor de recuerdos,
lector de sueños, dueño de ilusiones...
Todo lo guarda en susurros eternos.
Y Él tiene mis deseos,
esos que se escaparon
en un leve suspiro...
Ahora,
cada verano besan mi alma
y me abrazan
como una dulce promesa
que el Mar va a cumplir...
¿Debo creerle?

04 diciembre, 2006

¿Hacia dónde?

Luego del “vamos” no hubo otra palabra... los besos y caricias fueron apagándose, la ropa a su lugar, se sacudieron la arena, una mirada furtiva y el silencio.
Habían ascendido hacia la calle y Marco se giró desde lo alto y miró atrás: sus formas estaban impresas en la arena gris y sus huellas los alcanzaban. Sintió un vuelco en el estómago. Cuando se volvió otra vez, Andrés estaba mirando hacia el suelo, las manos unidas por detrás, mientras dibujaba con su pie en el polvo de la vereda. “¿Qué pensará?”
Al alcanzarlo siguieron a paso más rápido, Andres buscó las llaves, subieron y comenzaron el regreso.
Ambos la mirada al frente. De haber podido, Marco ni siquiera hubiera respirado, el silencio invadía su propia mente, sólo estaba el rosado del cielo amaneciendo y el azul del asfalto. No veía la vera del camino, ni a Andrés a su lado.
“Música” se dijo y extendió la mano para encender la radio.
Andrés tuvo la misma idea.
El roce de sus manos.
Suspiros, sonrisas. Marco retiró la mano y se acodó en el apoya brazos de su puerta.
El pensamiento se abrió como una flor ante él... emergieron imágenes, los sonidos crecieron a su alrededor, los gemidos, los suspiros, las palabras... “¿Paramos?” “...algo no cuadra” “Pero ¿por qué le dije que algo no cuadraba?” “Porque me muero de miedo” “pero también me muero de ganas” “¿de qué?” “nunca me fijé en un tipo antes... ¿o si? Pero no me calentó ¿o si?” “No, estoy tan seguro, como de que ninguna mina me hizo poner así jamás” “¿Y si le digo que paremos?”

- Marco, tranquilo. No te tortures más.
“Madre Mía, ¿hablé en voz alta?” – ¿qué?
- Estás con el ceño fruncido... no teníamos que seguir... mirá, no quiero que por esto...
- ...
- ¿entendés?
- No se...
- ¿qué?
- ¿sos gay?
- Si
- Pero estabas con esas chicas...
- Te estaba haciendo la gamba...
- ¿Y hasta donde ibas a llegar?
- No mucho más lejos.
- Yo no soy gay.
- ...
- ¡En serio!
- Ay, parecés el de la película de los vaqueros.
- Fuerte.
- ¿El vaquero?
- ¡Andrés!
- Ja ja ja ja ja... Relajate ¿querés? No sos el primer tipo al que le pasan estas cosas... a ver, dale, contame... ¿qué sentís?
- Que te comería
- Ja ja ja ja ja... ¿y qué más?
- Que me muero de miedo.
- Mirá... a mi me gustás. Mucho, para qué te lo voy a negar... pero se nota que no estás listo para “jugar fuerte”...
- ¿Entonces?
- Yo puedo esperar Mark y cuando sepas qué querés... se verá si seremos amigos o algo diferente.

Marco no respondió, se arrellanó en el asiento y por primera vez en ese fin de semana se sintió tranquilo de estar donde quería, como quería y con quien quería, “es un buen tipo y sea como sea... espero seguir siendo su amigo”.

Al rato pudieron conversar de otras cosas, del parque que vieron, del jardín de Marco, de especies vegetales, de algún caso del estudio jurídico... cuando menos lo pensaron estaban entrando a la General Paz.

- Llegamos justo para el almuerzo... ¿venís a casa?
Nuevamente un vuelco en el estómago... Marco se sintió tan mal como bien. - Dale! – y no se permitió sentir miedo – ¿Y qué comen los domingos?
- ¡Pasta! ¿Qué otra cosa podríamos comer en casa de tanos?
- Ja ja ja ja ja!!! ¿siguen tradiciones?
- Absolutamente, los dos son hijos de italianos y ... – Andrés se largó a hablar de las costumbres de su familia y Marco se concentró en ello, se divirtió enterándose cómo era la vida en una familia de tradiciones. Sus viejos siempre fueron poco costumbristas, nada de grandes cenas para fin de año, ni acontecimientos ruidosos...

Llegaron. Los Di Salvo vivían al lado del Vivero. El jardín familiar, lleno de plantas, sin ningún orden, era casi selvático, pero colorido y exhuberante.
- “En casa de herrero, cuchillo de palo”... en nuestro jardín no hay paisaje, solamente muchas plantas que fuimos haciendo.
- ¡Me encanta Andrés!

Andrés, se puso serio, dio un paso atrás y alcanzó a Marco... - te lo tengo que decir o reviento... cada vez que me decís “Andrés”... te mataría a besos... Pero dije que puedo esperarte y voy a esperarte. – y volvió a adelantarse llamando a su madre. – Vieja! Ya volví!
Marco quedó donde estaba, no pudo dar un paso más, se sintió mareado, dulcemente mareado... Andrés lo daba vuelta como nadie en su vida... “y yo te comería a vos desgraciado” suspiró... y no pudo menos que sonreir... sea lo que sea lo que le estaba sucediendo... no lo hacia sentir mal, todo lo contrario.

Un riquísimo aroma a tuco llevó de la nariz a Marco por el zaguán hasta la cocina. Allí una señora bajita, gordita y de sonrisa plena le extendió sus manos blancas, frescas y suaves, la piel delicada era una delicia al tacto.
- Bienvenido! Así que vos sos Marco, Andy habla de vos y tu jardín desde hace meses. Le diste ganas de diseñar otra vez. Un milagro…
- Mami! Dejalo tranquilo ¿si? Venimos reventados del viaje. Voy a cambiarme ¿te presto algo o preferís buscar en tu bolso?
Un cosquilleo interno lo hizo decidirse por ropa prestada y fueron juntos al cuarto de Andrés. Lejos de haber “algo” allí, Andrés le dio una muda de ropa y se retiró al baño para cambiarse él allí.
Marco quedó un poco desilusionado… tenía ganas de jugar aunque ese juego fuera tan peligroso, “pierdo la razón” se dijo mientras se cambiaba. A su alrededor era caótico y ordenado… le pareció muy propio de Andrés: libros, textos, música, películas, en cualquier lado… pero el placard ordenado por colores, tamaños y texturas. Esas cosquillas no lo dejaron quieto… tuvo que ir hasta el placard y tuvo que oler su ropa. Volvió Andrés y lo encontró en plena faena. Marco se puso rojo y Andrés se rió de buena gana.
- ¿Haciendo travesuras Mark?
Entonces Marco se adelantó hacia él, se puso a un palmo de su cara y le susurró – yo también te lo voy a decir porque si no, como decís vos, reviento: cada vez que me decís Mark me ponés a volar y no sé cómo me controlo.
Andrés acusó la noticia subiéndosele los colores a él. Se besaron. Incontenibles. Sin pensar…
- Aun creo que no estás listo.
Y se fue, Andrés lo dejó allí, de piedra y como una piedra…

En el almuerzo fueron cerca de 18 personas, en realidad Marco no pudo contarlos a todos porque los chicos no dejaban de moverse. Andrés tenía tres hermanos mayores (dos mujeres y un varón) y dos hermanitas menores, la más chica de 16 años. Los mayores estaban casados y tenían hijos. Era una familia ruidosa, alegre y pendenciera a veces… pero las risas eran las más. El padre de Andrés sentado en la cabecera miraba a todos con cariño, tenía buen trato con todos y tenía tema de conversación con cada uno. “Conoce a cada uno de sus hijos, con razón Andrés los quiere tanto”.

Al finalizar la comida, algunos ayudaron a levantar plantos, otros a lavarlos, los papás de Andrés salieron al patio y bajo la parra tomaron un poco de fresco. La hermana más chica, Sandra, se acercó a Marco en un momento que quedó solo y le dijo rápidamente “sos el primer chico que mi hermano trae a casa… debés ser especial para él” y guiñándole un ojo salió corriendo hacia su madre que la llamaba. Nuevamente el vuelco en el estómago, nuevamente esa sensación de estar plenamente mal y bien a la vez.

El padre de Andrés lo llamó y se reunieron bajo la parra. La señora fue con su hija más chica hacia otra parte conversando en voz baja.

- La verdá que osté no parece, eh… - el acento un tanto italiano le causó simpatía a Marco pero lo que le decía lo inquietó – ¿come dicce Andrea? “Gay”… Buono, mi Andrea tampoco parece…
- ¿Andrea?
- Si, Andrea, mi filio.
- Ah… ¡Andrés!
- Si, si, en Aryentina le dicen Andrés, ma io le digo “Andrea” en italiano, ¿comprende?
- Si. Pero yo…
- Osté no es…?
- Papá! Qué le estás diciendo a mi amigo?
- Y buono, io quería sabere, el es tuo enamorato?
- …
- Si, lo soy… - Marco sonreía y miraba a Andrés con picardía. Pero a Andrés no le causó gracia. Y le hizo seña de que se alejaran. El padre de Andrés asintió y se levantó extendiéndole la mano. Marco quedó en medio y respondió al saludo.
- Benvenuto a la famiglia! Era hora que mi figlio fuora felice.
- Gracias señor.
- Mingo, io sono Mingo, con el tempo, espero que me llame “papa”.
- “Papa”… ¡basta! Dejame hablar dos palabras con Mark ¿si?

El padre se fue rumiando en italiano, pero Marco llegó a comprender que estaba consternado con su hijo, decía algo así como “busca que lo entienda y cuando lo entiendo se pone nervioso”.

- No estás seguro. No metas a mi familia en esto. Todavía no sabemos qué va a pasar entre nosotros. ¿Por qué le dijiste a mi viejo que sos mi …?
- ¿Enamorato?
- Si, eso.
- Porque es lo es. Sea lo que sea no puedo negarlo.
- ¿Qué no podés negar?
Que me gustás.- … - Andrés sólo lo mira. Sin gestos. Silencio.- Mucho.- … - Andrés se tienta de risa, se dulcifica su mirada y toma el rostro de Marco entre sus manos. Lo besa. Cuando el beso culmina en abrazo, Marco ve que Sandra los está espiando.- Creo que tu hermana tiene mucha curiosidad sobre vos y yo…- Mejor vamos a otro lugar ¿si?- ... ok.
Se despidieron rápidamente de todos y se fueron.
Al bajar del auto, sobre el tejado nuevamente Marco vio asomarse al Jacarandá… le pareció sentir un aroma dulce, la frescura de la tierra mojada por la lluvia. Sensaciones que se le quedaron impresas aquella primera tarde a solas con la casa. Andrés se paró a su lado y disimuladamente le acarició el dorso de la mano, trayéndolo al presente. Para Marco fue una simple chispa que lo encendió totalmente. La caricia fue mutua, sensual, caliente. Lo tomó de la mano y juntos recorrieron el sendero...

La vecina de al lado los saludó, Andrés se soltó presuroso.

- Qué lindo lo que están haciendo en el jardín... ¿van a trabajar?
- Si.
- Bueno, ahora les alcanzo un mate ¿les parece?

Fueron al jardín y sin mediar palabra, ambos comenzaron a hacer un par de hoyos en la cerca. el calor, los mates y los sentimientos los hicieron entrar en calor, así que ambos se sacaron las camisas.

La vecina cumplió su palabra y les cebó una pava de mate.

- Voy a calentar más agua.
- Ok. - respondieron ambos.

Permanecieron trabajando un rato más. De pronto Marco tiró la pala a un costado y caminó hacia la casa. Andrés quedó con la mirada fija en el jazmín que plantaba. La pala cayó a un costado y el jazmín quedó inclinado. Andrés a grandes zancadas llegó a la sala de estar. El sol había encandilado su vista y no lograba distinguir dónde estaba Marco. Luego lo vió, contra la mesada de la cocina. Fue hacia él. Apoyó su pecho contra la espalda de Marco y con la mano derecha recorrió el brazo derecho de Marco desde el hombro hasta la mano. Se entrelazaron sus dedos. Marco tiró la cabeza hacia atrás y Andrés con la otra mano libre acarició el cuello y deslizó los dedos por el pelo de Marco. Lo ayudó a girarse y se besaron, tan sensualmente que Marco se sintió desfallecer, hubo un juego delicado y suave entre sus lenguas, los labios, la respiración agitada...
Marco deslizó sus manos por la espalda de Andrés, poco a poco fueron desnudándose mutuamente. Sólo se escucha la ropa deslizarse por sus cuerpos, los jadeos de uno y otro, los besos mojados que no pueden dejar de darse.
Uno sobre otro en el sofá, Andrés explora con su aliento, sus labios y manos. Marco cierra los ojos y en el momento que más lo desea siente un placer mayúsculo, se siente saboreado, deleitoso para la boca da Andrés, quien lo recorre arriba y abajo...
Con la voz entrecortada, Marco llega a gemir "por favor... dejame... a mi..."
Andrés deja su deleite y se recuesta en el otro extremo, Marco sobre sus manos y rodillas va hacia su amante y comienza su exploración a la inversa, desde los pies de Andrés, descubre sus texturas, sus formas, sus pausas y puntos. Andrés lo ve hacer, lo disfruta hasta ese instante en que con una mirada atrevida de Marco, sabe que estará por fin en él. Un suspiro y se entrega al placer con los ojos cerrados.
El juego se repartirá en un rato de caricias, besos, descubrimientos y una propuesta:
- Hagámoslo juntos - Andrés ha dado un paso que dejará las cosas en un primer placer, con promesa de volver a hacerlo. Marco está entregado y se excita aún más al comprender que van a seguir, que esto es sólo la primera vez, que Andrés no da más, como él... "Su sabor..." llega a pensar en el momento más grandioso... cuando vuelven a mirarse a los ojos, se mezclan en un beso largo.
Marco se apoya en el pecho de Andrés y tienen ante sí el gran ventanal y más allá... en el patio... el jacarandá.
- Ahora si. - suspira Marco.
- Si, Mark, yo también lo siento. Ahora si.

24 noviembre, 2006

Los caminos



Andy condujo un par de horas y luego Marco, que dormitó un rato, le pidió relevarlo. Ambos estaban muy cansados así que Andy no protestó, pero sí le pidió que lo despertara pasadas dos horas.
Apenas cambiaron de lugares, el paisajista se durmió instantaneamente, previo subir el volumen de la radio “así no te dormís vos” le dijo. Acto seguido cayó en profundo sueño.

Alanis Morisette exclamó en la radio su viejo « Ironic » (http://www.youtube.com/watch?v=B_DgPxbQP4Y)

It's like rain on your wedding day
It's a free ride when you've already paid
It's the good advice that you just didn't take
Who would've thought ... it figures

Y nuestro amigo la siguió con gusto... haciendo las modulaciones y hasta imitando aquel viejo video, en el que Alanis conducía su auto a través de la nieve en compañía de sí misma. Andy abrió un ojo y sonrió levemente, pero no se dejó ver por Marco, volviendo a dormirse.

Pasaron las dos horas y estacionó en una estación de servicios, pero no llamó a Andy, reclinó el asiento y se tomó un rato para descansar él también. Programó el celular para que sonara la alarma en media hora y cerró los ojos.

Pronto los abrió y vio los de Andy que lo miraban con dulzura, una dulzura extrema que lo conmovió tanto hasta sentir que sus ojos se humedecían, casi desbordados de lágrimas... sin poder evitarlo extendió su mano izquierda y alcanzó la mejilla de su amigo. Éste giró la boca y comenzó a besarle la palma de la mano. Esa humedad hizo que Marco se estremeciera, que el calor recorriera su cuerpo como una línea de fuego instantánea.

Despertó sobresaltado, Andy seguía durmiendo, pero su mano izquierda sí estaba suspendida en el aire, a un palmo de tocar la mejilla de Andy. Sonó la alarma del celular y el que se sobresaltó fue Andy. Marco llegó a alejar la mano sin que el otro lo viera. Tenía el corazón latiendo fuerte y una gota de sudor se deslizaba por su espalda.

Salieron, estiraron las piernas un poco y siguieron el camino. Andy conducía, el sonido de la radio estaba más bajo, pero Marco no pudo conciliar el sueño, se volvió parco y callado. Andy le preguntó si se encontraba bien y él acusó cansancio, pero en realidad estaba inquieto porque no sabía qué lo torturaba, no lograba discernir el pensamiento, estaba invadido por emociones, sensaciones que lo traspasaban. Sólo sentía ganas de estar en silencio.

Pronto llegaron a San Bernardo. Aguardaron hasta las 7 de la mañana y se reunieron con los clientes, Andy presentó a Marco como un pasante en su vivero, dijo que estudiaba paisajismo y que aquel era un viaje de estudios para ellos. Marco consiguió relajarse un poco al estar concentrado en las posibilidades que brindaba el parque a diseñar.

A las 10 de la mañana se desocuparon, habían desayunado temprano con los clientes, así que se fueron a la playa, llegaron corriendo y se metieron en el agua ¡estaba helada! Pero aún así nadaron un rato. Luego se tiraron en la arena y ambos quedaron dormidos... Cuando Marco despertó reparó en que Andy lo había hecho primero: estaba boca abajo, con la cabeza apoyada en los dorsos de las manos y desde allí había estado observando a Marco hasta que despertó. Éste, antes de hablar, a su vez se quedó mirándolo un rato... tal vez adivinando si estaba en medio de un sueño nuevamente o si en verdad Andy estaba viéndolo.

- ¿Estás bien Mark? Estás raro... ¿Pasó algo?
- No, quedate tranquilo, no te olvides que no dormimos bien – Marco dejó el tema allí. Ya el sueño de la madrugada se estaba disipando en el recuerdo, al tratar de evitar pensarlo, éste se había hecho una nebulosa que le hacía dudar si realmente había soñado lo que creía haber soñado.

Almorzaron, luego estuvieron otro rato en la playa y al atardecer volvieron a la casa de los clientes, iban a cenar un asado, así que se bañaron, se cambiaron y disfrutaron una buena cena.

Luego los invitaron a bailar, la pareja de anfitriones y otros amigos que concurrieron a la cena. Cada uno llevó su coche y partieron hacia Pinamar, un poco lejos, pero dijeron que estaban los mejores “Boliches” de la zona.

Mediaba la madrugada, Andy y Marco estuvieron bailando con un par de chicas, y luego fueron a los reservados, cubiles oscuros para charlar más tranquilamente.

Pero, cuando se estaban sentando, una voz inquietó a Marco, una voz conocida estaba cercana a ellos y estaba quejándose

- ¡Dejame tranquila!, ¡estás en pedo idiota! ¡No me agarres del pelo!

Marco susurró “Bea” y como un autómata, se levantó. Andy que escuchó sí los gritos, mas no el murmullo de Marco, lo siguió.

Allí estaba la chica, con un tipo encima y una pareja al lado que no se preocupaba en lo más mínimo de ella y su suerte. El tipo le quería bajar la cabeza y meterla debajo de la mesa...

Marco lo agarró de la camisa y lo hizo volar hacia fuera. Andy se quedó de una pieza. Marco estaba por darle una trompada al tipo cuando Bea gritó:

- ¡No Marco! Por favor, no le hagas nada…

El tipo, que estaba suspendido en el aire, cayó apenas lo soltó. Se desplomó en el piso semi-inconsiente. Bea lo atendió preocupada. Cuando ésta consiguió sentarlo nuevamente, se acercó a Marco y le susurró:

- Es mi marido Marco.
- ¿Tu qué?
- Mi marido… me casé hace casi una semana… yo…
- Vos…

Andy llegó a escuchar estas palabras entre los exnovios. Y cuando Marco iba a pedirle a Bea que le dijera todo, lo vió allí, junto a él. Algo lo hizo avergonzarse, sintió la piel acalorada y necesitó desesperadamente salir de allí, irse. Pasó por encima de Bea.

- Marco tenés que entender, quedé embarazada – le dijo ella, pero Marco aunque la escuchó, no le importó lo que le decía. No le importó nada. Sólo quería irse de allí.
- Disculpe – dijo Andy con su tono comercial y salió tras él.

Las chicas que habían ido a los reservados con ellos, se quedaron atrás.

- ¿Todos los tipos tienen que ser raros?
- ¿Raros?
- Si. “Raros”
- ¿Vos creés que estos dos…?
- SEGURO!

Marco esperó a Andy apoyado en el coche, cruzado de brazos y mirando hacia el piso. Cuando éste se le paró al lado, tan solo comenzó a caminar hacia la playa.

- Bea fue mi novia.
- No tenés que contarme nada, si te hace mal…
- Quiero contártelo. – Y así fue como Andy conoció la historia desde el principio hasta su fin en la casa y ante la silueta de aquel árbol que los había hecho conocerse a ellos.

Cuando llegaron a la playa se sentaron entre los charcos de luz de dos farolas. La arena estaba húmeda y fría, pero la brisa de la madrugado no era demasiado destemplada y allí se quedaron. Marco se sintió aliviado de que Andy no eligiera un lugar muy luminoso. Aún sentía su rostro ruborizado…

Al finalizar el relato, se animó a mirar a Andy y lo vió como tantas veces antes, cuando él le contaba sobre algún caso que estaba defendiendo o su punto de vista ante una noticia, Andy ladeaba la cabeza y pestañeaba más lentamente… siempre terminaba por dar su opinión y seguramente la charla se ponía más que interesante. Esta vez la respuesta no fue la excepción.

- Y ni una puta lágrima.
- ¿Lágrima?
- Si, perdiste a la mina que habías elegido para vivir el resto de tu vida y no lloraste. Tuviste la borrachera de tu vida, pero no lloraste.
- No es algo de lo que me sienta orgulloso…
- ¿La borrachera o el que no hayas llorado? – Andy sonreía y Marco no pudo evitar sonreir también, pero luego Andy continuó en tono más serio – Ella no te merecía.
- Claro que si, me la merecía.
- ¿Cómo podrías merecerte a alguien tan frío Marco?, vos no sos así.
- Si que lo soy. Soy egoísta, egocéntrico, ambicioso y pedante.
- Así no es el Marco que yo conozco.
- Pero así soy.
- Así pretendés ser, que es distinto. Marco es diferente.
- ¿Y cómo soy?
- Un hombre atento, amable, dulce, cálido… Alguien que se mató hablando con uno y con otro hasta que averiguó hasta de dónde habían traído al Jacarandá, solamente para complacer mi curiosidad.
- Lo supiste. ¿Quién te dijo?
- Me enteré… - Andy sonreía con ternura… ¿la pálida luz del fin de la madrugada lo hacía verse más dulce aún? Los pensamientos de Marco se arremolinaban sin sentido en su cabeza, su corazón otra vez latía fuerte.
- Y vos ves todas esas cosas en mi…
- Si – Andy extendió su brazo y apoyó la mano en el hombro de Marco. Éste se estremeció.
- ¿Tenés frío?
- Un poco – mintió, porque su cuerpo estaba por demás de cálido… se sentía transpirar.
- Vení – le susurró Andy y deslizó su brazo por ambos hombros de Marco. Éste cuando estuvo más cerca, apoyó su cabeza en el hombro de Andy… allí percibió su respiración, ese perfume mezcla de mar, de lluvia, como si todos los estados del agua pudieran transmitirse con ese aroma… Y también sintió que como él, temblaba…
- ¿Vos también tenés frío? – le preguntó levantando un poco la cabeza y quedando sólo a un instante de su boca, sintió el calor de sus labios tan cerca que no supo si eran los de él mismo… y Andy lo besó. Y Marco se dejó besar, se dejó acariciar los labios por la boca de Andrés que lo exploró con los labios primero, con la lengua después. Tenía los ojos cerrados y en su cabeza sólo un pensamiento que puso en palabras apenas se separaron a retomar el aliento – Besame Andrés…
- Mark…

Marco nunca había sido besado, él había besado. Marco nunca había sido seducido con ternura, siempre había conducido a sus mujeres por los senderos que él quiso. Esta vez se dejó llevar por las caricias de Andy que lo recostaron en la arena ¿estaba fría? No lo sentía. Adoró las manos de su compañero acariciándole el pecho… Andy desabrochó su camisa ¿cuándo? Él no lo había notado… Y se contorsionó al sentir cómo Andy había abierto su pantalón y lo estaba acariciando sólo por placer, no para excitarlo, ya estaba excitado…

- ¿Sigo? – preguntó Andy.
- No sé… ¿debemos seguir?
- Podemos parar ahora. Y seguir en otro lugar, si querés seguir…
- Quiero… pero…
- No te sentís listo todavía…
- Creo que ya descubriste que estoy más que listo… - ambos rompieron a reír… - pero algo no cuadra.
- Si, yo también lo siento. ¿Volvemos?
- ¿A?
- Villa Bosch.
- Vamos.

Y emprendieron el regreso.

22 noviembre, 2006

Interludio

Hay historias que jamás comienzan, porque los protagonistas no están destinados a encontrarse.
Hay historias que aunque comienzan, nunca pueden continuar porque los protagonistas se pierden buscándose.
Hay historias que se intuyen, que crecen, pero que de alguna forma, los protagonistas llegan a aceptar que su tiempo aún no ha llegado. Tal vez sigan adelante o quizás se permitan permanecer sutilmente enlazados.
Hay historias que parecen comenzar sin querer, sin pensarse, sin ser buscadas y tan sólo es que los protagonistas al fin se encuentran luego de eones de haberse buscado… claro que ello no lo recuerdan porque todo es perfecto y el tiempo separados es cosa de otras vidas, que ya pasaron.



- ¡Un Jacarandá! – Exclama el paisajista con entusiasmo – Y qué ejemplar, ¡madre mía!
- ... – Marco mira al árbol y mira a su interlocutor... la verdad es que para él es tan sólo un árbol, pero parece que para Andrés es mucho más.
- No entiende mi entusiasmo, ¿no?
- Esteeee... me gustaría decir que sí, pero la verdad que no...
- Esta árbol no es un ejemplar cualquiera, tiene muchísimos años... ¿cuántos años? No se... 40, quizás 50 o más... debe ser uno de los primeros de Villa Bosch... ¿ni idea de quién lo plantó?
- ...
- Bueno... supongo que tal vez en la biblioteca...
- Podría preguntar en la inmobiliaria...
- Hey! Qué buena idea. Los antiguos dueños tal vez sepan.
- Los antiguos dueños bien pudieron haberlo plantado. Eran una pareja de ancianos. Vendieron la casa porque ya no podían vivir solos y la familia los puso en un geriátrico.
- ¡Ay qué mal!
- ¿Por qué? Van a estar bien atendidos...
- Yo no se si dejaría que mis padres terminen en un geriátrico...
Marco mira a Andrés con asombro... él no pensaría dos veces dejar a Mónica en un geriátrico... “¿cómo serán los padres de este tipo para que quiera cuidarlos hasta el final?” Pero Andrés no le permite seguir cabilando
- Tenés… perdón, Ud. tiene una reliquia doctor.
- He, por favor, tuteame ¿si?
- Ok. Y vos llamame Andy, ¿dale?
- Bien.
- ¿Qué pensabas hacer con este árbol? Espero que no sea sacarlo...
- ¿La verdad? No pensé nada en especial... solamente quería saber el nombre.- Marco se acerca al árbol, lo toca, casi diría que lo quiere acariciar... y su pensamiento se pierde en silencio.
- ¿Qué te dice el corazón?
- ¿Mi corazón?
- Ahá
- No sé…
- Vamos Marco, ¿de qué tenés ganas?
Marco finamente cierra los ojos, toca la corteza rugosa del árbol, se estremece – No quiero vender la casa, es… mía… yo la encontré.
- …
Marco abre los ojos y mira los de Andrés, sólo permanece en silencio.
- Entonces… ¿necesitás un paisajista?
- Ja Ja Ja Ja Ja – Marco se sorprende riendo con ganas – parece que si...!

Andy tomó medidas, sacó fotos y se fue con el compromiso de regresar con algunas ideas concretas y así Marco elegiría la que me le guste.

Cuando cerró la puerta, Marco estaba sonriente, miraba todo a su alrededor con los ojos encendidos. Hasta su respiración se había agitado.

Llamó a Lucio y le contó sus planes: no vendería la casa… se iría a vivir allí y se tomaría una semana de vacaciones. Luego le pidió hablar con Mónica para contarle. Lucio se desilusionó de no poder ser él mismo quien pusiera en tema a su mujer, pero Marco fue terminante, quería hablar directamente con su madre. Lucio debió conformarse viendo las expresiones de la esposa y los comentarios “¿cómo vas a dejar la capital?, en la provincia no hay seguridad” “a vos con un departamentito te alcanza ¿para qué querés una casa?” El hijo terminó de escucharla, se despidió y así quedaron las cosas. Nunca iban a ponerse de acuerdo. ¿Qué quería su madre de él? “Estatus” recordó… “tendrá que conformarse con verme vivir aquí”

Al otro día regresó con su coche cargado de algunas pertenencias, y luego llegó una camioneta con un colchón, una mesa y sillas que compró de camino. El colchón lo dejó en la sala de estar. Esa noche se durmió nuevamente mirando el Jacarandá. Ya no se preguntaba por qué le fascinaba, simplemente se dijo “me gusta, qué otra explicación va a tener un árbol”. Y así lo dejó.

Andy regresó como lo había prometido, con tres proyectos diferentes. Hasta que no le explicó el sentido de cada uno, Marco no pudo decidirse. Finalmente tomó el proyecto más ambicioso: construir una piscina, una pérgola y realizar todo el jardín en función del Jacarandá, para destacarlo en sus momentos buenos y desviar la atención a otros sectores del jardín cuando el árbol estuviera en reposo.

Anotó cada especie que le nombró “con las gauras dejamos que la naturaleza se expanda, de forma delicada y etérea. Los lirios le darán contención … y las flores…Las Eugenias con su follaje cobrizo…” La explicación, obviamente fue mucho más larga pero lejos de aburrirse, Marco se mostró muy interesado

Estaban en plena primavera y Andy lo ayudó a encontrar a los mejores constructores, luego se despidieron hasta la finalización de la primer etapa.

Marco continuó durmiendo en la sala de estar hasta que el polvo de la construcción comenzó a flotar en todo el ambiente, tanto de día como de noche. Huyó hacia el cuarto principal, junto con su colchón de dos plazas.

Repartió su tiempo entre el estudio jurídico y la casa, se anotó en un gimnasio de Villa Bosch, pero no hizo muchos conocidos, su atención estaba en la casa. A sus padres los visitó pero no dejó que ellos se acercaran por su centro de mimo y atención… nunca les habló de todo el proyecto, deliberadamente jamás nombró a Andy. Sentía que todo eso quería preservarlo de las críticas de su madre y de las bromas de su padre. Ya verían el resultado cuando acabaran con todo.

Cuando el calor de primavera ya se tornaba de verano Marco llamó a Andy: el trabajo estaba terminado, ya podrían comenzar con el paisajismo… le informó que quería participar del proyecto, había investigado y quería “hacer”… Andy se asombró pero asimismo le entusiasmó la idea. Incluso le dijo que estos trabajos él ya no los hacía personalmente, pero desde que comenzó a diseñarlo sintió deseos de encargarse en detalle. Así que comprendía los deseos de Marco.

A las 6 de la mañana Andy llegó con su equipo de trabajo, pero sin operarios. Enseguida comenzaron con el diseño de los canteros, luego vendría el punteo de la tierra, después desmalezar, luego la resiembra de césped… más tarde las plantas, etc. etc. etc.

Ambos hombres trabajaron duro, el abogado se iba al comenzar los horarios comerciales y regresaba apenas pasado el mediodía, siempre con comida para compartir. Comían al pie del jacarandá, que aunque aún no estaba con todos su follaje, les daba suficiente sombra para cubrirlos del abrasador sol del casi verano. Marco estaba fascinado de comer sobre las flores del jacarandá que tapizaban todo alrededor del gran árbol; éste, poco a poco iba dejando la floración atrás, para comenzar a brotar en hojas y ramas nuevas, además de los consabidos frutos, unas chauchas redondas cargadas de semillas que se agitaban dentro.

Cuando el viernes al atardecer ya se estaban despidiendo, Andy recibió una llamada en el celular. Le pedían ir hasta San Bernardo, una de las playas de la costa atlántica, para diseñar un parque a un restaurante frente al mar.

Marco aunque se esforzó por no parecer contrariado, se sintió fastidioso de no poder aprovechar el único día que iban a poder trabajar todo el tiempo codo a codo. Pero asimismo Andy le dejó muchas cosas que bien podía hacer solo.

A la medianoche, Marco no dejaba de dar vueltas y vueltas por los canales del cable haciendo un zapping dañino, pasando una y otra vez por los 80 canales. Estaba enfurruñado y molesto y aún más molesto por sentirse molesto.

Sonó el teléfono.

- ¡Hey Marck!
- ¿Andy?
- Si… mirá, estuve pensando que… el trabajo en tu casa puede esperar un par de días más… ¿no querés acompañarme hasta San Bernardo?
- ...
- Salgo en una hora para llegar al amanecer y así aprovechar el tiempo. Cuando termine podríamos ir a la playa y pasar la noche en la casa de la gente que me contrata, sé que tienen lugar de sobra… ¿Mark?
- Si…
- ¿Si?
- Si, ¡dale! Vamos.
- Ok, en una hora paso por tu casa. ¡Traete el traje de baño!

Marco no se dio cuenta en qué momento su cara se iluminó con una sonrisa, una sonrisa que le hizo doler las mejillas… lo que sí recordó fue haberla tenido el primer día, luego de haber conocido a Andy. Pero no tuvo tiempo de pensar mucho más, tenía que prepararse para un viajecito a la playa.

13 noviembre, 2006

Morado y Azul

"Under the Jacarandá" - R. Godfrey Rivers (1903)

El Dr. Lucio Schwing está acostumbrado a los llamados de madrugada, es médico obstetra y nunca falta una parturienta de trasnoche… Pero este llamado no lo esperaba. Se fue sin darle explicaciones a Mónica, su mujer, quien ya no le preguntaba más a dónde iba… menos mal que había perdido la costumbre… ¿cómo le explicaba lo que él no llegaba a entender?

- Disculpe la hora señor, habla Juan, el Barman del “Bar de la Rotonda”… tengo aquí un muchacho de unos 25 años, pelo castaño oscuro, alto. Está vestido de traje…
- Puede ser mi hijo… - susurró el Dr. Schwing.
- Como no se despierta, tomé su celular y busque algún nombre… este número surgió como “papá”… sí señor, puede ser su hijo.

Lucio llegó según las señas del Barman. El hombre lo esperaba tras la puerta, todo ya estaba apagado. Marco descansaba su torso sobre la barra, apoyando su cabeza sobre sus manos. A su lado el celular. Su padre lo miró más que extrañado, pero no dijo nada. Ni siquiera intentó despertarlo, junto al Barman lo llevaron hasta la calle. En la acera recobrando un momento la conciencia, el joven vomitó.

- Hijo…
- Mmmmmhhhh ¿papá?
- No puedo creerlo… ¿vos?

A Marco se le fueron cerrando los ojos hasta dormirse nuevamente en el asiento del auto. Y Lucio quedó perplejo mirándolo. Le dio unos pesos al Barman por la atención y combinaron para retirar el coche de Marco en otro momento “Menos mal que te tocó un buen hombre, si es otro lugar… te dejan en pelotas” Con este pensamiento Lucio recobró un poco el humor.

Cuando Marco se despierta, ambos padres están al pie de su antigua cama. Está en el cuarto que tenía antes de irse de casa. La madre lo mira anhelante, el padre se sonríe divertido. Empieza Mónica “… ¡¿cómo hiciste semejante cosa?! Dejarnos con esa gente que ni conocíamos…”

Marco opta por mirar hacia la ventana. Llueve.

- ¡Decile algo Lucio!
- No te va a gustar lo que tengo para decirle.
- ¡Sos el padre, decile algo!
- Hijo… actuaste como un boludo.
- ¡Lucio! No digas barbaridades. Respetá mi presencia al menos.
- Moni, si tu hijo hace boludeces y vos querés que yo se lo diga, se lo digo.
- Yo no soy ningún boludo – dice Marco incorporándose para levantarse… esas escenas entre sus padres, a veces las detesta. Este es uno de esos momentos.
- No, no lo sos, pero actuaste como un boludo. Y yo te voy a explicar cómo lo hiciste.
- Lucio, basta.
- ¡¿Cómo se te ocurre comprarte una casa para casarte con una chica sin haberle preguntado a ella qué quería hacer?!
- Quise ser romántico.
- No. Eso no fue romanticismo, eso fue… arrogancia. Diste por hecho que la piba te iba a seguir la corriente. Ni por un momento eso fue romántico. ¡Pero si ni vos estás enamorado de ella!
- …
- ¡¿Ves como tengo razón?! La piba no te mueve un pelo pero compraste una casa para casarte con ella ¡casarte Marco! No entiendo que siendo tan rápido para la abogacía, hagas una cosa así…- Lucio afloja el tono y le vuelve a salir la sonrisa del comienzo – Marco… no parecés mi hijo… Moni… vos no me has dicho toda la verdad…
- ¿Para vos todo es broma Lucio?
- No Moni, no todo es broma… pero creo que la situación ahora necesita humor.

Marco busca en su viejo placard un toallón.

- ¿Y la casa? – pregunta.
- La cerré, en la mesa de luz tenés las llaves y la dirección del Bar donde te busqué anoche. Allá quedó el coche. ¿Qué vas a hacer con la casa?
- Se me ocurrieron tantas cosas anoche…
- Pensalo bien, después de todo es una buena inversión… fijate antes de venderla.
- Me voy a bañar.
- ¿Te preparo algo para tomar?
- Un café con ceniza – dice Lucio mientras salen. Marco no puede evitar sonreír cuando escucha a su madre reprender a su padre, mientras van por el pasillo “Terminala Lucio, siempre diciendo cosas así…” Su padre tiene tanto humor y su madre nada… para Marco siempre ha sido un placer contar con las salidas de su padre… siempre ha lamentado tener el carácter pacato de su madre. No se explica cómo ellos siguen juntos luego de tanto tiempo.

Habiéndose duchado, Marco sale en busca del auto. Lo recupera y ante el volante duda un rato antes de marchar. Finalmente da una vuelta en U en la esquina. Al atardecer se encuentra frente al chalet. En las persianas mojadas se refleja la luz del sol que finalmente ha salido ese día… el jardincito delantero inunda el ambiente con aromas dulzones, Marco observa todo apoyado sobre su coche. “Qué perfume tan agradable” piensa y por el techo ve asomarse las flores moradas y azules del árbol ubicado en el patio trasero.
Se decide a entrar.
Recorre los cuartos semi vacíos, sólo hay algunos muebles viejos, en la salita de estar hay un diván y una mesa ratona, en la cocina una vieja heladera… El champagne todavía sigue intacto. La cierra de un portazo.
Su estómago suena. Tiene hambre. Va por algo al mercado de la vuelta.
La noche ha llegado. Marco termina un bocado de queso de la picada preparada que cenó. Toma un poco más de vino en un viejo vaso que encontró perdido en las alacenas vacías.
Se recuesta en el diván mirando al parque. La silueta del árbol se recorta con la luz de la luna por detrás. Se estremece y necesita verlo bien. Se acuesta en el piso cuan largo es y tiene una visión total del árbol.
- Debo saber cómo se llama.

La luz del sol le pega en el rostro. Se despierta entumecido. Su primera visión al abrir los ojos, es el árbol. Aún acostado mira a su alrededor y descubre bajo la mesa ratona una guía telefónica, estira su brazo, la alcanza y hojea las páginas amarillas. VIVEROS.
Marca el primer número en su celular.

- Vivero Mi Sueño. – Responde una voz femenina.
Corta.
- Vivero El Talar. – Contesta otra voz femenina.
Vuelve a cortar.
- Vivero Bosques de Lorien. – dice una voz masculina. “Bosques” se repite para si.
- Si, Buenos Días… no se si usted podría ayudarme…
- Dígame…
- Bueno, compré una casa…
- Y necesita un paisajista.
- Eeeehhh, no sé. Yo solamente querría saber el nombre de un árbol que hay en la casa. El único árbol.
- Dígame la dirección señor y le mando a alguna de las paisajistas. Ella lo podría ayudar.
- ¿Una mujer?
- Son profesionales señor, nosotros nos manejamos sólo con gente de estudio.
- No es eso… mire… ¿usted no es paisajista?
- Claro que sí señor, pero no hago trabajos en domicilio.
- ¿Y por qué no?
- Porque soy el dueño y… bueno… - el paisajista se queda en silencio. Marco tampoco habla. Finalmente el primero continúa – dígame la dirección señor, tengo que salir de todas formas y como lo suyo será una consulta… iré personalmente.

Marco le da la dirección y quedan en que pasará en media hora. Marco se levanta y va a asearse – habrá pensado que soy un machista recalcitrante – comienza a decir en voz alta – debo haberle parecido un idiota… por eso habrá preferido venir a verme él mismo… no va a arriesgar a sus chicas en… ¿y qué hago hablando solo? En mi vida hablé solo. ¡Y no puedo parar!

Finalmente calla. Sale al parque y observa el ejemplar. Distraído lo sorprende el timbre, la media hora había pasado y el paisajista ya estaba allí. Corre hasta la puerta. Abre.
Frente a él se planta un hombre de unos treinta años, de cabellos castaños claros, ojos azules y piel dorada por el sol, los brazos están ceñidos por las mangas cortas de la camisa de trabajo. En el bolsillo se lee el monograma del vivero. Completa su vestimenta con un jean y zapatos rústicos, de trabajo. Está impecable… Marco percibe un aroma suave a pinos silvestres. El paisajista sonríe y todo su rostro se ilumina. Marco no puede evitar sonreír también al tiempo que le estrecha la mano. Ambos perciben una intensa corriente eléctrica al tocarse. Se sueltan rápidamente y se ríen nerviosos.

- Andrés Walter Di Salvo, paisajista titulado – dice irónico, pero simpáticamente.
- Marco Daniel Schwing, abogado y con cero conocimiento de jardines – Responde Marco extrañado de poder hacer esa sencilla chanza. Lo invita a pasar.


Los veo pronto, Amigos, esta vez no voy a tardar, ya estoy aquí otra vez...

02 noviembre, 2006

Perfecto... ¿Perfecto?

(Imagen: K.F.Hubbard, Jacarandá)

Marco cuelga el teléfono. Está en una gran oficina y se escucha gente hablando en una habitación contigua. Se queda mirando por el ventanal con una gran sonrisa. Abre la puerta y las conversaciones callan, expectantes y clavándose todos los ojos en él.
-¿Y?- dice alguien por atrás.
-¡Ganamos!- responde y todos se arremolinan a su alrededor. Palmean su espalda y sonríen. Alguien descorcha una botella y lo llevan hacia uno de los escritorios, donde hay más botellas y copas.
Al rato del festejo un hombre mayor, el Dr. Julio Maldonado (dueño del estudio jurídico), toma a Marco de los hombros y lo saca del centro de atención. Van a la gran oficina. Maldonado se sienta en su sillón, Marco del otro lado del escritorio.
-Ganó Dr. Schiwing. Contra todo pronóstico por cierto… me ha sorprendido y mucho. ¿Cuántos va ganando?
-Seis.
-Y todos con buenos honorarios… espero que esté ahorrando ese dinero… creo que tal vez pronto voy a tener que considerarlo para asociarlo a este estudio jurídico… ¿estaría interesado?
-Nunca lo pensé – miente sin mucho disimulo - pero si usted dice que lo tome en consideración…
-Hágalo… salvo que planee tener pronto su estudio y ser la competencia…- Maldonado ríe sin sinceridad, Marco no se le queda atrás…
El mensaje fue claro: el viejo prefiere a un abogado de esa traza de su lado... Marco es de los que tienen "el don", "la ley en la sangre"... Muchas veces escuchó a sus profesores decir "Schwing, usted nació abogado" El dueño del estudio lo sabe y lo siente... no puede permitirse que el chico se le vaya... al menos no todavía. Marco lo sabe y sabe que el viejo sabe.
Tras apurar la copa, se despide del Jefe, toma su saco, el maletín y sale por otra puerta, sin pasar por la reunión, tiene un compromiso.
En su auto, se afloja un poco la corbata, el mediodía está caluroso, la primavera está pegando en Buenos Aires. Pone la radio y está sonando "When I needed you" de Erasure. Se sonríe, canción vieja que sonaba en su adolescencia. Canturrea el estribillo:
"...Where (Where)Where were you
When I needed you most
When I needed a friend
Where (Where)Where were you
When I needed you most
When I needed a friend..."
Pronto toma la autopista hacia los suburbios de la ciudad. Sabe el camino, no es su primera vez, ha buscado la zona perfecta por muchos meses. Villa Bosch, una pequeña población que lo tiene todo para alguien que desea tranquilidad ante todo. El lugar perfecto para vivir una vida perfecta, junto a una mujer perfecta… Bea. Ella es la ideal: es bonita, profesional, buena arquitecta, es de buena familia, sin escándalos, 25 años, él 27… pronto podrán tener hijos y realmente todo será perfecto. El sólo pensamiento de ese futuro matemáticamente ideal lo hace sentirse orgulloso de estar en él. De haberla encontrado, de sentirse cómodo con ella, que el sexo funcione... en fin, de que todo vaya sobre rieles. Ahora el momento más esperado, cuando finalmente tenga la casa y pueda hablarle de matrimonio… ahora tiene todo para ofrecerle una vida ideal.
"¿Y si no le gusta Villa Bosch?" piensa, pero espanta esa idea como si fuera una mosca. Eso sería imposible, Villa Bosch es ideal para lo que es una vida perfecta. Él se ha tomado el trabajo de ir a diferentes horarios, recorriendo sus calles y no ha encontrado momento en el que la gente no sea amable, donde los chicos no tengan momentos sanos… Ella no tendrá inconveniente en cambiar "el centro" por los suburbios. Él la conoce.
En esas cavilaciones andaba cuando repara que ya está frente a la casa. Un chalet al que le falta poco trabajo, jardín al frente, patio trasero con gran parque, tres habitaciones, un comedor, una sala de estar, dos baños, la gran cocina… "Oh, a Bea le encantará cocinar aquí" sonríe con ese pensamiento y por la puerta aparece la gente de la inmobiliaria. En el interior llevan a cabo la operación, Marco entrega su cheque al hasta entonces dueño, le entregan a él las llaves, firman los papeles… todo ha salido perfecto. ¡Y a horario! Ha citado a Bea y a los padres de ambos para las 18:30 Hs., le queda un rato para enfriar el champagne y acomodar un poco el lugar… A esa hora aún quedará un poco de luz para que vean los fondos, ese árbol hermoso que ahora se está tiñendo de violeta… se olvidó una vez más de preguntar de qué árbol se trata…
-Bueno, ya lo sabré-
Puntualmente llega Bea quien se sorprende de ver el coche de sus padres en el mismo lugar. Los padres le cuentan que Marco los citó allí y que sólo les dijo que tenía una sorpresa para todos. Al instante llega otro auto. Los padres de Marco. Bea los conoce por fotos... La situación es bastante extraña…
Salvando el momento sale Marco y los hace pasar. Bea lo fulmina con la mirada, Marco le sonríe feliz… Ella no cambia el semblante. Ambos hacen las presentaciones. Marco toma de la cintura a Bea, ella a él... Marco da un respingo. Bea lo ha pellizcado con disimulo. Bea hace el esfuerzo por sonreír.
Marco les muestra la casa, él no deja de observar sus expresiones... especialmente las de la chica.
Te gustaría cocinar en una cocina así hija..?- le dice la madre a Bea...
Mamá, sabés que no me gusta cocinar. – dice terminante.
Marco la mira con asombro.
Me parece que yo no sabía eso.
Y me parece que es importante que lo sepas antes de que pienses enseriar las cosas Marcos – le replica el padre de Bea y se ríe.
Los papás de Marco se miran y corrigen – Es "Marco", no "Marcos". Sin "s". – Luego sólo sigue hablando el padre – Y creo que las cosas ya se pusieron serias... Hijo ¿compraste esta estupenda casa?
Marco ve que la expresión de Bea se hace más dura aún. Va a decir que sí, pero se calla. Sus padres lo felicitan, los de Bea encaran a su hija – No nos dijiste que pensaban en casarse-
No pensamos – dijo la chica.
Yo pienso – la encara Marco
Yo no, Marco, tengo mucho que hacer todavía.
Pero...
No es el momento Marco.
Es el momento, porque... estoy por pedirte matrimonio Beatriz.
Bea queda rígida. Los cuatro padres se alejan de los jóvenes y van hacia el frente de la casa. No podrán evitar escuchar.
¿Casarnos Marco? ¿Vos estás loco?
Bea ¿no estás enamorada de mi?
Pero cómo voy a estarlo de alguien a quien no conozco ni me conoce...
Yo te conozco.
Claro, si... ¡Ni siquiera sabés si me gusta cocinar!
Yo supuse...
Marco, mirá todo está bien entre nosotros, me gustan nuestras salidas... pero... ¿casamiento? Hace un año que salimos, ni siquiera hemos compartido un fin de semana juntos, sólo salidas de ratos... no sabés cómo soy al levantarme, ni cómo dejo la cama, ni cómo me gustan las tostadas... Marco... lo lamento... si esto es lo que querés... no puedo seguirte.
Bea, no entiendo... ¿no estás enamorada de mi?
No se Marco... la paso bien... pero... creo que hay mucho de vos que no se... a lo mejor hasta no sé más cosas tuyas que vos cosas mías... ¡Marco acabo de conocer a tus padres y vos a los míos! ¿Eso no te dice nada? Yo ni imaginaba que habías pensado en casarte...
Marco no responde... su mirada se pierde en el patio. Bea se atraviesa y lo enfrenta... él no la mira. De su mano derecha cae una cajita forrada en terciopelo... un par de anillos se salen de su estuche... Bea los mira rodar...
Perdoname Marco, deberíamos haber hablado antes de todo esto... no pensé... Perdoname.
Marco se va. Cruza a los padres, sale de la casa, va hacia su auto parado en la acera... mete la mano en el bolsillo buscando las llaves. Encuentra las de la casa. Las revolea hacia la entrada, finalmente sube a su coche y se va.
Anda sin rumbo. En silencio. Por momentos su cara se endurece, en otros cierra con fuerza los ojos... se estaciona frente a un bar de mala muerte. Baja y entra.
Beberá toda la noche.


Y así comienza esta historia... hasta pronto!

12 septiembre, 2006

Demonios

Que siembran dudas
donde sólo debería haber Fe.
Que descreen de las fuerzas
para debilitar la perseverancia.
Que nublan las noches
evitando los sueños.
Que matan la alegría
regando sombras en las estrellas.

Demonios ajenos
que se hacen propios
descarnando el corazón
en busca de sentimientos ahogados.
Demonios olvidados
que regresan triunfantes
al bajar la guardia
en la lucha por el amor.
Demonios que nos llevan lejos
y nos hunden en las tinieblas
al temer el abandono...

¿Cómo eliminar demonios
cuando nos poseen?
¿Cómo desaparecerlos
cuando queman en la misma esencia?

A veces sé.
A veces puedo.
A veces venzo.

Y otras veces los dejo hablar
tratando de no escucharlos.

Luego callan.

Y yo callo.

Me han dañado.

Pero no han ganado.

Porque aún escribo.

Un Hada Azul

"Gossamer Moondancer"
Mensajera bailarina de la luna... con alas azules

Al Otro Lado del Río...

Al Otro Lado del Río...
Río de La Plata desde Montevideo

El Sauce en el Río Color de León

El Sauce en el Río Color de León
Delta de "El Tigre" - 10/03/2007

Gracias por tu visita